Los principios que guían mi escritura novelesca
« No existe un método universal. Existen convicciones que cada novela pone a prueba, confirma o transforma. »
No creo en fórmulas mágicas para escribir una novela. Cada libro impone sus propias exigencias, meandros y desafíos. Sin embargo, con el paso de los años, ciertos principios se han arraigado en mi método de trabajo.
No los concibo como reglas rígidas. Son más bien convicciones forjadas por la experiencia, que cada nueva novela a su vez confirma, contradice o ensancha.
1. Una historia debe seguir habitándome
Una idea puede brotar en cuestión de segundos. Una novela, en cambio, demanda meses, a veces años de íntima convivencia.
Para comprometerme de lleno con un libro, es preciso que un interrogante insista, que un personaje reaparezca, que una situación se resista al olvido al cerrar la pantalla. Lo primordial no es el destello inicial, sino su capacidad de seguir latiendo en mí el tiempo necesario para cuajar en novela.
2. Construir la trama en torno a los seres humanos
Los personajes son, a mi juicio, el auténtico corazón de la novela. Una trama puede ser intrincada, absorbente, minuciosamente ideada; solo adquiere su pleno sentido si estremece a seres en los que el lector pueda creer.
Procuro, por tanto, erigir el relato a partir de los anhelos, temores, secretos o pérdidas que amenazan a los personajes. Cuanto más compleja se torna la arquitectura narrativa, más vigilo que permanezca al servicio de sus destinos.
3. Leer para comprender lo que conmueve en una novela
Leer continúa siendo para mí una fuente inagotable de aprendizaje. No para calcar, sino para desentrañar cómo se engendra la emoción.
Me detengo en la sutil urdimbre del suspense, en la precisión de un diálogo verosímil, en el compás de una escena o en la vibración de una emoción que aflora sin artificio. La lectura es un magisterio continuo que desvela, mejor que cualquier doctrina, el impacto real de las palabras en el alma del lector.
4. Permanecer dentro del libro
La inspiración importa, pero dista de ser suficiente. Una novela reclama perseverancia ininterrumpida.
Para mí, lo crucial radica en no soltar el vínculo con la obra: retornar a ella cada día, mantener a los personajes vigentes en la mente, permitir que la trama fermente incluso cuando las manos no están sobre el teclado. La disciplina no es contabilizar páginas, sino guardar fidelidad al taller creativo hasta que alumbre su forma definitiva.
5. Reescribir es también reconstruir
El primer borrador concede a la historia el don de la existencia. Mas aún no dicta la verdad final de la novela.
Reescribir trasciende el mero pulido léxico o el desbroce gramatical. Puede obligar a replantear la disposición de un pasaje, revisar los nexos causales, apuntalar una línea biográfica, dosificar los indicios o reestructurar una secuencia entera. Es típicamente en este trance donde el libro descubre su estructura más sólida.
Imaginar una historia no es construir una novela
Creí durante largo tiempo que bastaba con hallar un argumento poderoso. La práctica me enseñó que el reto reside en su construcción: distribuir los secretos, articular las causas, pautar los compases y trenzar con maestría los hilos narrativos.
Cuanto más exigente resulta la construcción, con mayor naturalidad debe ocultarse.
Lo que ninguna técnica puede suplir
Tras varias novelas en las librerías, mantengo la certeza de que la pericia técnica no basta. Es posible perfeccionar la disposición de una trama, modular la cadencia de un capítulo o pulir las réplicas de un diálogo. Pero ningún oficio reemplaza **una mirada personal sobre el mundo**.
Esa mirada intransferible constituye el sello que diferencia a un creador de otro. Dos autores pueden partir del mismo argumento: jamás alumbrarán la misma novela.
Lo que he aprendido escribiendo
Cada novela me ha exigido desprenderme de seguridades previas. Unas demandaron cauces más libres, otras una disciplina arquitectónica rigurosa. Todas me recordaron que una obra literaria jamás se agota en su germen inicial ni en la belleza formal de su prosa.
Una novela cobra auténtica vida cuando la trama, las criaturas de ficción, la estructura y el pulso del lenguaje dejan de forcejear en direcciones opuestas para fundirse en un único y armonioso movimiento.
Continuar con los textos fundacionales
📌 Un artículo que profundiza en este proceso creativo fue publicado en el blog:
Leer la publicación original «¿Cómo escribir una novela?» en el Blog de Rida Lamrini ↗